| AUGUSTO
MONTERROSO
Augusto
Monterroso (1921-2003) Aunque nacio en Tegucigalpa, capital de Honduras, su
nacionalidad es la guatemalteca y desde 1944 su residencia habitual se halla en
Mexico, pais al que se traslado por motivos politicos. Desde muy joven se implico
en la actividad politica de su pais, que compagino con la temprana actividad en
el campo de la literatura. Ya habia publicado algunos relatos cuando participo
en la fundacion de la revista Acento, que seria uno de los nucleos intelectuales
mas inquietos de Guatemala en una epoca de incesantes convulsiones sociales: la
controvertida presidencia del liberal Jorge Ubico Castaneda, los alzamientos populares
de 1944, sucesivos cuartelazos y la omnipresencia en todos los ordenes de la vida
nacional de la compania estadounidense United Fruit Company, son algunos de los
episodios mas representativos de este periodo.
En el exilio, Augusto Monterroso comienza a publicar sus textos a partir de 1959,
cuando entrego a la imprenta Obras completas (y otros cuentos), coleccion de historias
donde ya se prefiguran los rasgos fundamentales de lo que sera su personalisima
narrativa. Una prosa concisa, sencilla, accesible, donde siempre late la conciencia
de los grandes hitos de la literatura y una abierta inclinacion hacia la parodia,
la fabula y el ensayo, sienta los cimientos de un universo inquietante, cuyo idioma
oficial oscilaria entre el absurdo, el humor negro y la paradoja. Otros titulos
de su produccion, signada siempre por la brevedad, son: La oveja negra y demas
fabulas (1969), Movimiento perpetuo (1972) o la novela Lo demas es silencio (1978),
donde da vida al heteronimo Eduardo Torres.
Tambien inclasificables, aunque mas proximos al area de la reflexion literaria,
no exenta de creatividad y fantasia, son los textos: La letra e: fragmentos de
un diario (1987), Viaje al centro de la fabula (conversaciones, 1981) o La palabra
magica (1983). Su composicion -Cuando desperto, el dinosaurio todavia estaba alli-
esta considerada como el relato mas breve de la literatura universal. Ha sido
galardonado con el premio Villaurrutia en 1975 y en 1988 con la condecoracion
del Aguila Azteca.
En 1996, ano en que dio por concluido su exilio, se le otorgo el Premio 'Juan
Rulfo' de narrativa y reunio en el volumen Cuentos, fabulas y lo demas es silencio
el conjunto de su obra de ficcion. Actuo ademas como intermediario en las negociaciones
de paz entabladas entre el gobierno y la guerrilla revolucionaria de su pais.
Murio el 7 de Febrero del 2003 a consecuencia de un paro cardiaco. Galardones:
Juan Rulfo (1996), Principe de Asturias (2000)
DIOGENES
TAMBIEN"Sooner
murder an infant in its cradle than nurseunacted desires. William Blake."En
cuanto a tiempo, en cuanto a distancia, lo que se dice el hecho material de transportarse
de un lugar a otro en el espacio, era ciertamente muy facil para P (como lo llamaba
el Director de la escuela cuando, fuertes nudillos, bigote tembloroso, lo reprendia)
llegar hasta su casa. Y sin embargo, !tan dificil! Y no; no es que fuera debil
o enfermo. Aparte de una imperceptible y poco molesta deformacion craneana era
un nino como todos los demas. Era el ambiente de su casa lo que le disgustaba;
el aspecto no dire sombrio pero tampoco agradable de las dos habitaciones; su
oscuridad y el fino polvo que lo invadia todo, hasta su nariz, haciendole consciente
la respiracion; y algun mal olor indefinible, constante, que flotaba por todos
los rincones; todo esto acompanado a la monotona insistencia de su madre: ¡§Debes
estudiar tus lecciones, debes estudiar, debes¡¨, eran motivos suficientes
para convertir en dificil y odiosa la simple tarea del regreso.
Notaba en cambio el alborozo, el contento de sus companeros ¡Vocho, nueve,
once anos¡V cuando llegaba el momento en que todavia el sol bien alto abandonaban
el viejo caseron de aulas estrechas y lleno de maestros ¡Vahora tan distantes,
tan irreales¡V cuyos nombresolvidaba, o ha olvidado, tan facilmente como
la precisa ubicacion de mares de colores y rios imposibles.
Mi
casa ¡Vcreo que ya lo dije¡V quedaba a unas pocas cuadras, tal vez
cuatro y unos pasos mas, de la escuela. Tal vez cinco. No lo puedo decir con certeza,
pues es inutil que trate de recordar alguna vez en que haya hecho el recorrido
directamente. Solia yo entonces, lo acostumbraba, lo necesitaba, como se desprende
de los primeros parrafos de este relato, hacer un gran rodeo antes de llegar.
Al
salir de clases me iba por lo general a los mercados, donde me extasiaba viendo
las frutas amarillas y rojas y oyendo ¡V y aprendiendo¡V labarbaras
expresiones de las verduleras; o a los barrancos, en los que se escuchan extranos
y misteriosos ruidos justo a la hora en que el sol se pone; o, a veces, a
las iglesias, en las que habia santos (algunos mutilados. Nunca supe si asi fueron
en vida o si su manquedad se debia a efectos del tiempo en el material de que
estaban construidos) y santas que me inspiraban un natural terror, todavia siento.
Tenia como medida de tiempo esperar a que el sol se ocultara por completo antes
de acercarme a mi casa. La puerta estaba siempre abierta; mi madre la abria desde
temprano ¡Vquiza no la cerraba nunca¡V para que yo no interrumpiera
con mi llamado su labor de crochet. No formaba parte de mis conocimientos en esa
epoca el hecho de que la hora de la caida del sol va variando de dia en dia. Por
esta razon, en junio, cuando los dias se alargan y parece que no van a terminar
nunca,
llegaba
tan tarde que mi madre algunas veces, preocupada por lo que pudiera acontecerme,
estaba esperandome a la puerta. Entonces me azotaba con un poco de furia y
me clavaba la unas en los brazos mientras me reprendia. Pero a pesar de los golpes
y de las reprimendas yo nunca entendi que el sol pudiera atrasarse y seguia llegando
tarde, en ocasiones con los pies llenos de barro y empapado por los insultantes
aguaceros del verano, que en mi pais se llama invierno.
Fue durante unas vacaciones ¡Vansiadas todo el ano,pronto insoportables¡V
cuando tuve conciencia cabal de que en mi casa no marchaban muy bien las cosas.
Mi padre estaba ausente. Recorde, confirme entonces, que se ausentaba con frecuencia.
Y tuve la sensacion de que a pesar de que cuando estaba, ella parecia mas tranquila,
mi madre ¡V!imposible, imposible!¡V mentia un poco al asegurarme que
el estaba trabajando en tal o cual ciudad del interior, trabajando para traer
muchas monedas de oro a la casa que ¡Vy esto sea dicho sin afan de critica¡V
bien las necesitaba, por lo que yo podia entender. Yo preguntaba entonces que
cuando iba a ser eso, y ella callaba, o hablaba de otra cosa, o me mandaba a estudiar,
o me reganaba (con la evidente intencion de desviar el curso de mis pensamientos)
por algo que yo habia hecho ¡Vo deshecho¡V mucho tiempo atras.
Estoy seguro de que no deberia decir esto: ciertamente mi padre era un picaro,
lo que se llama un verdadero picaro. Sentia el orgullo de serlo y gozaba tratando
de aumentar su mala fama, que por lo demas nadie le regateaba ya entre el vecindario.
Creo que ningun otro nino (excepto mi hijo) ha tenido un padre como el mio. ?Se
podia, acaso, llamar padre lo que yo tuve?
El
mismo, durante mucho tiempo, trato de que la idea de que yo era su hijo no se
afirmara en mi cabeza. Aun puedo ver, sentir con claridad, esta escena repetida
muchas veces en la misma forma: llegaba por las noches cuando ya todo el mundo
dormia en la vieja casa de vecindad, completamente borracho, llenando toda la
habitacion, con su respirar fuerte y fatigado, de un abominable olor a vino devuelto.
Cierro los ojos y puedo verlo caminar haciendo el menor ruido posible, como un
fantasma, con el dedo indice puesto sobre los labios para indicar silencio, mientras
se tambaleaba de un lado para otro sin perder jamas por completo el equilibrio.
Un extrano que lo viera entonces pensaria que se trataba de un borracho hasta
cierto punto considerado y, sobre todo, respetuoso del sueno ajeno. Pero su silencio
y sus ademanes no respondian por desgracia a cualidades tan recomendables en un
bebedor. Encerraban mas bien un sentido diabolico. No tenian mas objeto que el
de sorprender la presencia de un amante ilusorio en el cuarto de mi madre.
Era su obsesion por aquel tiempo. Mas tarde he comprobado que no era esta la unica.
En cierta ocasion (entre muchas), algun tiempo antes, habia abandonado por completo
nuestra casa seguro de todos nosotros ¡Vmi madre, yo, el perro¡V tramabamos
asesinarlo mientras estuviera dormido. Aunque despues he pensado que mi madre
debio haberlo hecho, tal sospecha era absurda e infundada, pues ella lo amaba.
Cuando
terminaba por convencerse (el lo creia asi) de que habia sido burlado una vez
mas y de que el amante era mas astuto o menos trasnochador que el, se llegaba
hasta el catre en que yo dormia y me tomaba en sus brazos sacudiendome con furia,
haciendome dano con su aliento y con sus suaves manos de holgazan. Yo prorrumpia
entonces en interminables chillidos capaces de despertar a la ciudad entera. Pero
el no quedaba contento hasta que me golpeaba a su gusto durante largo rato, gritando:
¡§!No eres hijo mio, no eres hijo mio!¡¨, como si quisiera
convencer a los vecinos y convencerme a mi, un nino de seis anos, de que era hijo
no de una madre como todos los ninos, sino de una (la palabra la aprendi mas tarde)
de una puta.
Mama terminaba siempre por ir en mi rescate apartandome de aquella voz y de aquel
aliento alcoholico, lo que yo le agradecia desde el fondo de mi corazon.
Me quedaba entonces con el cuerpo recogido, temblando de frio y sin poder
dormir, nervioso, asustado, viendo extranas cosas en la oscuridad hasta mucho
tiempo despues. Por lo general sollozaba largamente ¡Va ratos ya sin ganas¡V
para que mi madre me tuviera lastima, para que me compadeciera y para hacer que
ella llorara, tambien, un poquito.
Por lo reiterado de aquellas situaciones llegue a pensar que en efecto mi padre
no era mi padre. Solo se me hacia dificil comprender como, no siendo yo su hijo,
me pegaba en aquella forma sin que nunca se le hubiera ocurrido hacer lo mismo,
ni una sola vez, con los otros chicos de la vecindad, que sin duda alguna tampoco
lo eran. A no ser a aquella hora, casi nunca lo veia.
Acostumbraba levantarse muy tarde, cuando yo ya estaba en la escuela cayendome
de sueno y sin comprender las operaciones de aritmetica que el maestro, sin duda
seguro tambien de que nosotros no eramos hijos suyos, trataba de meternos en la
cabeza a fuerza de golpes y coscorrones. Hoy me maravillo de haber aguantado tanto
y de poder repetir, aunque con titubeos y con cierto temblor que no puedo dominar,
las tablas de multiplicacion.
Llego con los brazos cargados de paquetes. Arrojo algunos sobre la cama que parece
una gran mesa de comedor cubierta con un extenso y liso mantel blanco de crochet.
Hay sobre ella unos platos. Unos grandes platos llenos de fruta. Pero pronto descubro
que no son platos sino enormes floreros con (extranas) rosas verdes, bordadas
con hilo de seda brillante.
Me quito el sombrero, lo tiro y va a caer justamente en la cabeza del perro, que
se lo sacude grunendo. (Me fijo en los ojos del perro, tienen un raro fulgor.)
Despues como quien se prepara a dar una sorpresa y con los ojos llenos de malicia,
miro a mi esposa y a mi hijo (quien se me parece extraordinariamente) y me pongo
a extraer como a escondidas, de un bolsillo interior de mi saco, algo que con
gran lentitud ¡Vcongran lentitud¡V va adquiriendo la forma de un velocipedo.
Mi hijo ¡Vyo¡V siempre ha querido uno, ?por que no se lo he de dar
ahora que traigo dinero en abundancia? Solo que debe existir un error, pues en
lugar de las tres ruedas necesarias, oportunas, clasicas, van saliendo muchas
en numero infinito, una tras otra, hasta inundar la habitacion y convertirse en
algo molesto, insoportable. Pienso: un error de construccion. Un poco avergonzado,
sonrio y vuelvo a meter todo de la misma forma que antes, solo que al reves, en
el bolsillo de mi saco. Las ruedas van desapareciendo con metalico retintin dorado,
pero las ultimas ¡Vque fueron las primeras¡V entran con sum dificultad
oprimiendome el corazon, haciendome respirar trabajosamente, casi ahogandome,
asfixiandome como un bocado de carne demasiado grande que se queda en la garganta.
Siento como brotan unas gotitas de sudor en mi frente. Tengo que terminar pronto.
Un rato mas y caeria desmayado echando a perder la alegria de mi esposa y de mi
hijo. Me obsesiona el pensamiento de que si muero nadie sabra desentranar el mecanismo
del velocipedo, explicado solamente en un pedazo de papel ¡Vo papiro¡V
que el vendedor del aparato mastico y trago, ruidosamente, para que nadie
pudiera divulgar el secreto de su construccion.
Para sobrevivir tengo que volver a sacar las ruedas, pero el mecanismo tiene otra
falla y ahora se resisten tanto a salir como a volver a su primitivo sitio. Inspirado
¡Vinspirado¡V decido quitarme el saco y arrojarlo lejos de mi ¡Vo
cerca, lo mismo da¡V. No lo puedo hacer porque las mangas estan sujetas
a mi espalda con fuertes cintas blancas. No me gusta la camisa de fuerza. Es un
aparto infernal. Me arrojo al suelo. No es la solucion. Agito con furia los pies.
Siento frio. Los dejo quietos. Cuando ya no puedo mas , cuando ya no puedo menos,
empapado de sudor, lloro y grito con todas mis fuerzas. Mi esposa y mi hijo me
contemplan ¡Vmi madre¡V; me pasa la mano por la frente, me limpia
el sudor con suavidad, me da un poco de agua ¡Vmuy poca¡V y me explica
que aquello se llama una pesadilla.
En
los ultimos tiempos ya no me trataba tan mal, ni me insultaba. Solo de vez en
cuando me daba un puntapie sin mucha fuerza, cuando tenia la ocasion de hacerlo.
Mi madre y yo tardamos algunas semanas en darnos cuenta de que una nueva idea
fija se habia apoderado de su pensamiento. Ya no buscaba amantes debajo de las
camas, ni olia los alimentos para comprobar que no habian sido previamente envenenados,
como si con olerlos hubiera podido descubrirlo; ni tiraba los platos al suelo
vociferando que no habian sido bien lavados y que se le trataba peor que a un
extrano.
Habia encontrado una nueva victima: los perros. En efecto, de un dia para otro
fue apoderandose de mi alma un profundo desprecio por estos animales. Llegue a
aborrecerlos como a ninguna otra cosa en el mundo.
Todas las pasiones que pude haber alimentado fueron formando en mi como un sedimento
espeso y compacto para dejar en la superficie, en la primera capa de lo cotidiano,
aquel asco, esta repulsion hacia animales tan serviles y bajos, cuyos ojos lacrimosos
y mansos y cuyas lenguas exudantes estan siempre prontos a lamer con gusto la
planta que los hiere.
Mi primera victima (y cuantas mas no han caido ya) fue nuestro propio perro, cuyo
nombre, demasiado denigrante, demasiado perruno*, no quiero declarar aqui. Ahora
que lo pienso bien, creo que su nombre tuvo parte principalisima en el desenlace.
Quiza si se hubiera llamado de otro modo yo no habria reparado en el. El nombre
de un perro es tan importante como el perro mismo. Un hombre, una mujer, pueden,
se les da la gana, y por motivos a cual mas extrano y pintoresco, buscarse otro
apelativo. Esto es cuestion de gustos y con tres publicaciones del Registro Civil
en los diarios de menor circulacion queda todo arreglado. Pero un perro tiene
que sufrir su nombre de por vida, a menos que tome la decision de lanzarse a la
calle y convertirse en un perro vagabundo, huesoso, innominado; mas esta es
una vida dura y triste, y es evidente que son pocos los que se resignan a
que los echen de los restaurantes y de los mingitorios de las cantinas con el
generico de ¡§!perro!¡¨, ¡§!perro!¡¨,
cuando no con un mal golpe en el vientre. Recordaba yo que el viejo filosofo lo
escogio como lo mas bajo y despreciable que pudiera darse: can. Y me complacia
en admirarlo por haberse dado a imitarlos para que los hombres lo despreciaran
tanto como el despreciaba a los hombres. Llegue a leer en un libro: ¡§
estando en una cena, hubo algunos que le arrojaron los huesos como a perro, y
el acercandose a los tales, se les meo encima, como hacen los perros¡¨.
Odie tambien al viejo cinico, !tan candido!.
A veces tiene uno que decir cosas monstruosas. Esto que voy a decir es un poco
monstruoso: creo que mi padre sentia celos del animal. Asociando algunas ideas
he llegado a esta conclusion y no puedo explicarme la muerte de Diogenes de otro
modo. En todo caso, el perro tuvo una buena parte de culpa. ?quien les manda
a los perros a poseer esa mirada tan humeda, tan tierna, tan amorosa, en fin?
?Y quien le ordenaba al nuestro esconderse debajo de la cama en cuanto mi padre
aparecia? ?no fuera mas conveniente salir a su encuentro (aun a riesgo de recibir
una patada) en vez de provocarlo con su inutil huida? No. hacia siempre lo
menos indicado, lo mas estupido. En ocasiones se ponia a chillar antes de que
mi padre le pegara. No duro mucho. Mi padre no pudo soportarlo.
Un dia mi padre nos sorprendio a los tres. Era una tarde calorosa. Yo repasaba
con ahinco algunas tablas de multiplicar. Mi madre hacia su infinito trabajo de
crochet. No puedo evocarla sin asociar su memoria con aquella aguja plateada
y con el ovillo de hilo blanco tirado en el suelo, sobre un periodico. NO me explico
de que modo salia de los otros deberes domesticos, ya que me es imposible recordarla
de otra manera que tejiendo o planchando sus tejidos. Mantenia las habitaciones
inundadas de tapetes, lo que en vez de embellecerlas (como sin duda era su proposito)
les daba un aspecto pueblerino de mal gusto. Sus planchas, negras, de hierro colado,
se encontraban en los lugares mas inesperados y absurdos.
Su labor era tambien una obsesion, supongo. Cuando no trabajaba en ella, movia
los dedos febrilmente como si lo estuviera haciendo, sin darse cuenta, tal como
si no quisiera perder por ningun motivo el ritmo comenzado quien sabe cuantos
anos atras. Si yo no me hubiera acostumbrado a ver la bola de hilo en el pavimento
hubiera podido creer sin dificultad que ella misma lo producia, como las aranas.
El perro se habia tirado en un rincon sudando copiosamente por la lengua y la
nariz.
El ladrillo en que apoyaba la cabeza se llenaba de vapor a cada golpe de sus pulmones.
Sobre este vapor me gustaba escribir con el dedo las iniciales de mi nombre, pero
mi madre no siempre me permitia hacerlo: ¡§Eres un nino muy sucio¡¨.
Digo nos sorprendio a los tres. Lo que menos esperabamos era su llegada y la forma
en que lo hizo. Llego temprano y de muy buen humor. Sobrio. Limpio. Sonriente.
La alegria se comunica con facilidad. Nos comunico a todos su alegria. Daba gusto
tener un padre asi y por momentos me olvide de sus golpes.
Se
quito el sombrero y lo lanzo con mucha gracia (asi me parecio) hasta el gancho
fijo que estaba en el otro extremo de la habitacion.
Despues se acerco a mi madre y la acaricio pasandole la mano, lenta y suavemente,
por el cabello. Inclinandose para besarla le dijo algunas palabras que no
alcance a oir o que no recuerdo, pero que siento no recordar porque estoy seguro
de que eran dulces y bondadosas. Cuando llego mi turno vino hasta mi, me dio
dos palmadas en el hombro y pronuncio con una sonrisa:
¡V?Que tal? Yo baje la vista sintiendo un poco de fuego en las mejillas
: ¡VBien, papa.
Despues se sento. Parecia un poco avergonzado. Hacia varios meses (o anos) que
no lo veiamos. Se notaba que queria hablar, seguir diciendo cosas agradables;
pero se estuvo quedo, con los ojos o bien semicerrados o bien perdidos en las
vigas (un poco sucias de humo se me ocurrio) que sostenian el techo.
Mi madre ofrecio o simplemente dijo algo. Solo se levanto para cerrar la ventana
pues empezaba a oscurecerse y un poco de viento frio habia irrumpido en la
habitacion. Despues de esto volvio a su trabajo,en silencio.
Todos oimos con claridad cuando el perro como acostumbran cuando sienten una calma
pesada. Estaba en una esquina, echado al estilo de los lagartos, las cuatro patas
estiradas y la panza pegada al piso, como si el calor aun fuera excesivo.
Cuando lo oi movi los ojos lentamente en direccion a mi padre. Sonreia. Mi madre
tambien lo observaba; cuando lo vio sonreir, sonrio. Cuando yo la vi sonreir,
sonrei. Entonces coincidimos todos en volver a ver al animal, que tambien sonrio
a su modo. Que alivio senti al oir que mi padre rompia de nuevo el silencio haciendo
sonar sus dedos con la evidente intencion de que Diogenes se le acercara.
A su llamada el perro comenzo a moverse con lentitud, arrastrandose, empujandose
con las patas traseras. Nunca espero que lo llegara a tratar con tanto carino.
Imagino que hasta el mismo se daba cuenta de que mi padre no estaba borracho como
siempre, de que aquel era un dia distinto.
Mientras
tanto, mi padre, sin duda para que perdiera por completo el miedo, seguia llamandolo
con silbidos y diminutivos carinosos: ¡§perrito¡¨, ¡§perrito¡¨.
Ese
dia tuve una vaga idea de lo que era la felicidad. Veia a mi madre contenta.
Contemplaba a mi padre limpio y contento. Notaba el contento en los ojos del perro.
Cuando este recorrio toda la distancia que lo separaba de mi padre se veia feliz.
Movia la cola con fuerza extraordinaria y emitia de vez en cuando uno que otro
grunido. Por un momento ¡Vquiza exagerando su papel¡V se dio vuelta
y quedo con las patas para arriba, como queriendo demostrar todo su gozo; pero
pronto volvio a su posicion normal, tal vez un poco avergonzado. Mi padre lo acaricio
con un pie.
?No tuvo el una parte de culpa, sin que esto sea estar, Dios sabe bien que no,
en su contra? Hoy esta muerto y yo deberia respetar su memoria, pero ?como conociendo
a mi padre hizo lo que hizo? No lo afirmo, mas es posible que su unico deseo haya
sido el de compartir su alegria. El caso es que en cierto momento volvio su cabeza
hacia mi. Cuando se canso de mirarme, o cuando yo deje de hacerle caso, volvio
sus ojos estupidos hacia mi madre y se estuvo asi un rato, con la lengua colgando,
en espera de alguna palabra.
Entonces fue cuando la expresion de mi padre cambio. Alargo con mucha calma su
brazo derecho hacia la mesa que estaba a su lado, tomo una de las planchas de
mi madre y la dejo caer como un rayo sobre la cabeza del animal. Este no tuvo
la mas pequena oportunidad de defensa. NI siquiera se movio del lugar en que estaba.
Tampoco lo hizo mi madre. Ni yo. No era necesario.
Bueno, ya pueden imaginar esos minutos. Cuando la cola dejo de moverse, cuando
mi padre se convencio de que estaba bien muerto, se levanto sencillamente, tomo
su sombrero y se fue. Desde entonces no lo hemos vuelto a ver.
Tal vez en realidad, mi marido no era tan malvado. Me inclino mas bien a pensar
que estaba un tanto enfermo, aunque fuera un poco, como el mismo diria. Su internamiento
en un sanatorio, en el que despues de infatigable busqueda lo encontre, es una
pequena de las innumerables pruebas en que me fundo para afirmarlo.
Hoy es como un nino obstinado en la creencia de que su padre lo tortura a causa
de algun imaginario delito cometido por su madre antes de el naciera. Cuando esta
idea desaparezca de su mente, sanara.
Yo, por mi parte, digo esto: uno no esta libre nunca de la calumnia. Y esta puede
venir de donde menos se sospecha, hasta de los propios hijos. Espero que nadie
de credito (porque hay personas dispuestas a creer cualquier cosa, hasta la mas
visible mentira) a toda esta insensata patrana, urdida con la perfida intencion
de perjudicarme. Es facil notar ¡Vy seria un insulto dudar de que todos
lo advirtieron¡V que mi hijo empieza a mentir desde el principio, cuando
se describe a si mismo, a sabiendas de que miente, como victima de una ¡§imperceptible
y poco molesta deformacion craneana¡¨. La verdad es que su cabeza es
monstruosa. Yo no tengo la culpa. Nacio asi. Ya desde el primer momento nos dimos
cuenta, cuando su alumbramiento fue tan dificil.
Es inocentemente falso que asistiera a la escuela: aprendio a leer y a escribir
en casa.
Soy agente viajero. Esto lo puede abonar la firma Rosenbaum & Co., de quienes
estoy en capacidad de mostar hermosas cartas que, sin que yo lo merezca, me favorecen.
Mi esposa murio hace mucho tiempo. Mi hijo no la conocio. Se crio en brazos de
mi madre. Y en cuanto a perros se refiere, estoy seguro, puedo certificarlo,
de que nunca, excepcion hecha de Diogenes, he matado a ningun otro. Tuve que
hacerlo. Ningun perro esta libre de la rabia. ?Por que el iba a ser una excepcion?
En cualquier momento podia atracarlo esta enfermedad que, como todos saben, se
multiplica en progresion geometrica, con tal eficacia que en poco tiempo termina
con poblaciones enteras.
Si esta inmoderada dolencia lo hubiera atacado algun dia, no puedo ni siquiera
pensar que habria sido de todos nosotros. Las consecuencias serian incalculables.
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